sábado, junio 04, 2011

Las ciencias positivas relativizan a la teología.
La ideologización en la teología

La teología sacralizada y absoluta con pretensiones de sobrenatural ha sido derribada por la psicología, la sociología y la historia comparada de las religiones; la teología se muestra entonces como expresión cultural de las diversas épocas. Mauro Rodríguez (1977:236) provee datos desde la perspectiva psicológica para evidenciar como la teología construida a través de mecanismos proyectivos tiende a funcionar como ideología.

En las diversas culturas, los símbolos religiosos, en su momento, orientaron, estructuraron, fortalecieron y elevaron al ser humano y la cultura propia a través de la fantasía, las especulaciones y la proyección psicológica. De igual manera, la teología católica y los teologúmenos en la Sagrada Escritura han sido mecanismos proyectivos.

La teología católica por lo mismo, según Rodríguez (1977) es la doctrina oficial del grupo en el poder controlada por la jerarquía y convertida en ideología; entonces, deja de ser desinteresada y está destinada a justificar el contexto social y a apoyar la praxis que da estabilidad a ese grupo de poder y a sus líderes. La evangelización se convierte de esta manera en una invasión de las culturas nativas que la Iglesia ha ido encontrando.

La psicología explica los mecanismos de racionalización y la sociología aclaró los mecanismos ideológicos, ambos subconscientes y sutiles; la racionalización es al individuo lo que la ideología es al grupo social: mecanismos de defensa para la conservación de la propia imagen y de la propia seguridad. Funcionando como ideología la teología se presenta como un mecanismo de legitimación y de control al servicio de los grupos de poder, en este caso de la jerarquía eclesiástica y concretamente del poder romano monárquico y absoluto, posición unicultural que desprecia lo propio de las demás culturas.

Desde el punto de vista del análisis del discurso considerado dentro del proceso contextual histórico del caminar de la Iglesia, la ideologización ha generado actitudes morales y sociales; ha creado las estructuras eclesiales y sacramentales que utiliza en la actualidad.

Detrás del mandato de Cristo de ir a evangelizar a todas las naciones ha estado la ideología imperialista adquirida por la Iglesia a partir del reconocimiento oficial en el Imperio Romano y se fue consolidando a lo largo de los años cristalizando en el Concilio de Trento; entonces se construyó una estructura y disciplina sacramental diseñada toda para niños, con visos de obligatoriedad y que no da tiempo a las personas a hacer su propia síntesis desde su propia cultura y se abusó del bautismo de niños; con ello, la Iglesia no respetó ni a las personas ni a las naciones.

El Concilio Vaticano II quiso reconsiderar esto y respetar a las personas, los pueblos y naciones para que dentro de un proceso las personas tuvieran oportunidad de ir haciendo opciones libres hacia los lineamientos propuestos por el catolicismo. No se consiguió y por temor se está en un proceso de retomar lo anterior al Concilio Vaticano II sin entender el contexto sociocultural nuevo, inédito, que pide a la Iglesia una NUEVA EVANGELIZACIÓN.

Una NUEVA EVANGELIZACIÓN supone dejar de lado la ideología imperialista que estructuró la Iglesia y dentro de la cual América fue encontrada y "evangelizada", pero además, implica un nuevo posicionamiento discursivo que reconoce las aportaciones de las ciencias y reorganizar de manera acorde la estructura jerárquica y sacramental. Una fe adulta necesita procesos y dejar de lado el catolicismo ritualista que no lleva a las personas a hacer opciones y tomar decisiones de fe.

Por lo anterior, las personas y las culturas cuando se enfrentan a la propuesta de la Iglesia Católica necesitan enfocarla como ideología de un grupo de poder y tomar una actitud crítica con los cuestionamientos: ¿De qué me sirve saber esto? A dónde me lleva?

1. Si se analizan los dogmas como mecanismos ideológicos y/o de racionalización y son comparados con otras religiones se consigue esclarecer una antropología, una psicología, una sociología como un fondo arquetípico común de todos los pueblos y naciones; entonces, este fondo común arquetípico es el material revelado a través de lo que teológicamente la Iglesia considera “la revelación”.

2. La revelación realizada por el Dios de Israel en el pueblo de Abraham y a través del desarrollo histórico de este pueblo, ha servido para desentrañar el fondo arquetípico común a todo hombre, varón y mujer, y a toda cultura, por lo que es ahí, en ese fondo arquetípico donde encontramos ya no al Dios de Israel sino al Dios Verdadero, y éste es el servicio que ha dado “la revelación” o lo que la Iglesia ha considerado como dato revelado pues solos no hubiéramos conseguido encontrar ese fondo arquetípico sino solamente una lucha de poder entre las culturas para imponer su idea propia del ser humano y sus relaciones.

3. Por otra parte, cuando Jesús dice que se le ha dado todo poder y envía a los apóstoles a todas las naciones en actitud crítica se debe preguntar ¿a cuál poder se refiere? ¿Qué actitudes implica? (Ver Redemptoris Missio de Juan Pablo II)

Jesús de Nazaret ha sido propuesto como prototipo del ser humano que tiene una relación de obediencia para con Su Padre que deviene en una realización personal plena y total, al hacer una opción de vida que no va ni con el dinero, ni con la fama ni con el poder sino con el desarrollo de las personas y de las culturas; esto es lo que hizo que Jesús fuera incómodo y produjo su rechazo por parte de los poderosos.

La evangelización nueva dejará de ser una invasión a las culturas si acepta lo que las ciencias positivas como la psicología, la sociología y la historia han aclarado como mecanismos de racionalización y/o mecanismos ideológicos en el discurso eclesial y que han sido utilizados como dispositivo de legitimación y de control al servicio de los grupos de poder desde una posición unicultural que desprecia la diversidad y toma entonces un nuevo posicionamiento discursivo para el desarrollo de las personas y de las culturas.

Jorge Martinez Soto

3 comentarios:

Jorge dijo...

Los ARGUMENTOS DE AUTORIDAD cimentados en la autoridad de Pedro como sucesor del poder de Cristo deben tener la peculiaridad del pensamiento de Cristo de otra forma se vuelven ideológicos.
Jesús condenó los ARGUMENTOS DE AUTORIDAD de los dirigentes de su tiempo precisamente por estar ideologizados.
Jesús acepta la diversidad personal y cultural sin dejar de proponer el ideal para hacer una opción libre: “se les dijo a los antiguos… pero yo les digo…”

P. Erik dijo...

Interesante la argumentación presentada, se debe tomar en cuenta que la Iglesia como toda institución necesita de directrices rectoras que la ayuden a cumplir el mandato de Cristo. No se puede siquiera intentar hacer caso al mandato cristiano sin una estructura que evolucione, que genere ideas, que proponga. de ea manera tendería a desarticularse y morir.
Acaso una Iglesia que sólo utilice las palabras de Cristo sin una ulterior reflexión, contemplación y aplicación, no sería una Iglesia fundamentalista? Pienso que ciertamente habrá que actualizar los postulados que Cristo enumera y explicita, pero toda estructura sin una cabeza (humana, porque humanos somos) tiende hacia su desintegración.
Habría que replanteranos también si es posible una religión solamente orientada por las palabras de Cristo? Por otra parte, una exaltación de la libertad humana sin una autoridad moral que la oriente, nos llevaría a un punto donde se dehumaniza al Ser humano relegandolo a un subjetivismo esteril y a un relativismo sin compromiso. Erik U.

Jorge dijo...

Es necesaria la autoridad que oriente pero sigue estando el hecho de que detrás del mandato de Cristo están los mecanismos proyectivos del grupo en el poder y la evangelización entonces tendrá que presentarse como una propuesta de ese grupo y no debería existir cohersión sino somente el proceso de aceptación de esa propuesta lo cual implica tiempo en el proceso personal. Ese tiempo se les ha quitado por la obligación impuesta de la estructura sacramental diseñada para imponer la fe no para proponerla.